Las tarjetas de visita siguen siendo un recurso imprescindible para poder transmitir una buena primera impresión de nuestra empresa o marca personal. Gracias a ella, nuestro interlocutor  obtiene nuestros datos de contacto y, si le interesa nuestra propuesta, le servirá para tenernos localizados. Por eso es muy importante contar con una tarjeta cuidadosamente diseñada y que recoja toda la información de importancia que queramos comunicar.

Un primer consejo que todos deberíamos tener en cuenta es huir de las que nos imprimen de manera gratuita. Causa muy mala impresión que alguien te entregue una tarjeta y detrás veamos la publicidad del tipo “Las tarjetas de Visita son GRATIS en Vistaprint”. Los precios han bajado tanto que, entregar una de este tipo dirá muy poco de nuestra profesionalidad. El mismo comentario sirve para las que imprimimos en casa sobre papel.

Una tarjeta debe ser atractiva y llamar la atención. Si estamos en un evento de networking, posiblemente intercambiaremos decenas y corremos peligro de que la nuestra se pierda entre todas las demás.  Por eso, es conveniente cierto toque de originalidad, ya sea en la forma, los colores o el contenido.

En cuanto a este último, no hay que olvidar la denominación y logo de la empresa, nuestro nombre y apellido y los principales datos de contacto: email, teléfono fijo y móvil, página web y dirección postal. Incluir un lema o una pequeña descripción de nuestros servicios ayudará a dar pistas sobre lo que nos dedicamos. Una buena idea es hacer la impresión a doble cara, lo que nos permite aligerar los contenidos y hacer la tarjeta mucho más agradable, ya que los datos apelmazados impiden una correcta lectura.

Otro recurso que cada vez cobra más importancia es el código QR. Podemos incluir uno con nuestros datos de contacto o con un enlace a nuestra web (o ambos si nuestra tarjeta está impresa a doble cara). En cuanto a los acabados y al gramaje del papel, también hay que prestarles atención. Todo lo inferior a 250 gr. no es recomendable.

Por último, debemos darle a nuestra tarjeta cierto valor. No es conveniente repartirla como churros (tampoco es que sea un tesoro) pero sí tenemos que intentar transmitir cierta sensación a la persona que la recibe de que es algo importante, porque a falta de abuelas, si no nos damos valor nosotros mismos, ¿quién nos lo dará?

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