Cualquier proyecto empresarial que se precie, además de ser profesional tiene que parecerlo. Normalmente nos esforzamos por ofrecer productos y servicios de calidad, cuidamos detalles como nuestro local (si lo tenemos), nuestras tarjetas, nuestra apariencia física…

Todo ello construye la imagen que proyectamos hacia los demás y que puede significar la línea de no retorno entre nuestro éxito y nuestro fracaso. En este entorno, nuestra identidad digital cada día cobra más fuerza. La generalización en el uso de dispositivos móviles por parte de los usuarios y clientes, los moderados costes de inversión para tener presencia en la red y la visibilidad que podemos llegar a conseguir, animan a muchas pymes y emprendedores a subirse a la moda digital.

De hecho, las redes sociales han supuesto la democratización de la información y del marketing. De entrada, todos partimos con los mismos recursos, ya seamos Coca-Cola o Niusleter. Nuestra página de Facebook, o nuestra cuenta de Twitter, es semejante. Lo que cambia, claro está, son los recursos que tenemos detrás (infinitos en las empresas internacionales).

Y todo esto viene a que últimamente hemos observado la proliferación de lo que llamamos El Síndrome del Cuñao. Cuando hablamos con representantes de PYMES y con emprendedores (normalmente en eventos de networking, uno de los recursos más efectivos para publicitar nuestro servicios) raro es  el día en que alguien no suelta eso de “Es que el feisbuc me lo hace mi cuñao (o mi sobrino, que para el caso es lo mismo)”.

Por cierto, en la definición de cuñao, también incluimos a los becarios y al profesional que tenemos en otros menesteres y que, además, le cargamos de más trabajo con la gestión de nuestra identidad digital. ¿Y cuál es el resultado? En ocasiones el deseado, pero la mayoría de las veces nuestra presencia en redes resulta errática y decepcionante.

Se publican cosas por el simple hecho de publicar. A veces pasan semanas sin nuevos contenidos, en ocasiones lo que se cuelga no es adecuado… En resumen, se hace lo que se puede, con toda la buena intención, pero sin el barniz profesional que nuestra imagen empresarial necesita.

Por eso, desde Niusleter, luchamos contra el síndrome del cuñao. Si lo padeces, o estás en peligro de caer en él, ponte en contacto con nosotros e intentaremos inmunizarte. No usamos pastillas ni tratamientos dolorosos. Sólo sentido común y precios ajustados.

Si crees que tenemos (un poquito) de razón, compártelo en tus redes sociales.

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